He estado paseando por una de esas inmensas aglomeraciones de humanos, a las que ellos denominan ciudades. Aunque la temperatura era bastante adecuada para el normal funcionamiento de sus organismos, advertí que todos ellos se tapaban el cuerpo con vestimentas de variadas telas. A parecer, su principal objetivo era ocultar sus órganos genitales. Por lo que he podido deducir, estos mamíferos sienten verguenza de sus propios cuerpos. Esta verguenza suele ser aun más intensa cuando se trata de enseñar su órganos genitales. ¿Motivos? Aun no he conseguido averiguarlos.
También me ha llamado la atención que consideren los espectáculos violentos como algo inocuo, e incluso placentero. Tratando de pasar desapercibido me he vestido con la ropa más gruesa y cubriente que he podido encontrar, y me he sentado junto a unos ancianos que bebían una bebida alcóholica mientras observaban un espectaculo sangriento a través de la televisión (una primitiva emisón radioeléctrica en dos dimeniones). En el se veía como torturaban a otro mamifero: le clavaban afiladas lanzas metálicas mientras el pobre ser sangraba abundantemente en medio de una terrible agonía. Finalmente el torturador exhibía la oreja de su víctima como un trofeo. Con el fin de caer simpático, me he puesto a aplaudir, pero todos me han mirado muy extrañados. Luego han venido unos jóvenes y han cambiado de canal. Parecían muy interesados en otro espectaculo. En el se mostraba como a otro mamífero de su propia especie le cercenaban un pabellón auditivo al ritmo de una pegadiza melodía.
A la luz de todo ello, me reafirmo en mi impresión anterior. Habrá que ser precavido con estos mamíferos. Al parecer, la costumbre de cercenar orejas está muy arraigada entre ellos.
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